I. Corre manecilla, y no seas cruel. Ahí, tan diminuta y delgada —te crees mucho en tu señorío de nuestros días— avanza y no juegues más.
II. Vamos manecilla, que la dictadura del tiempo ejerces tan vil.
Vamos tiempo, muestra compasiones por aquellos que se anhelan.
III. Ay, manecilla, te enalteces de ser quien dicta la estación, de ser quien constriñe las miradas de los que se desean. Cruel, qué cruel eres manecilla cruel.
IV. Y así sigues manecilla, tan soberbia, tan inmodestia en proceder con los que agonizamos por unos ojitos tiernos.
Vamos tiempo, danza.
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